El camino no cambia. Nunca. Siempre está ahí, de frente y atrás. Andar tampoco cambia. Siempre exige el mismo movimiento mecánico, comenzando siempre por una pierna que desafía a la gravedad mientras la otra acompaña buscando el equilibro. Siempre continua con un talón que hace tierra mientras otro despega. Y siempre termina igual, con los pies en algún sitio que difiere de aquel donde ponemos la cabeza. El viento siempre está o pasa, lo mismo el sol, la lluvia y el tiempo.
Pero aún así hay avances. Y no porque uno se mueva, sino porque uno entiende, después de mucho retorcerse ante el dolor y la angustia, después de mucho llorar hasta la deshidratación, después de mucho apretar el puño consiguiendo poco más que el cansancio y la extenuación, uno entiende, digo, que nada cambia. El camino sigue ahí y para andarlo no hace falta cambiar.
Y en eso precisamente consiste el avance. Consiste en pensar, al borde del llanto desprotegido, con el puño en ciernes y el dolor recorriendo el pecho, que todo habrá de seguir siempre avanzando por el mismo camino. Que no importa cuánto se llore o cuánto se apriete el puño, el camino sigue estando ahí en frente (y atrás) y uno sigue aquí, parado al centro pensando que se puede estar al borde sin estarlo.
Y así uno avanza, resistiendo al mundo al desistir de uno mismo. Y así es como se llega a la simple conclusión de que uno avanza no para llegar a algún punto en el camino. No. Uno avanza porque recién después de mucho andar, después de tanta rabia y dolor, después de tanta vuelta, recién ahí uno comienza a entender que de lo único que se trata es de avanzar y que el camino sigue estando ahí, de frente y atrás y sin saber a dónde vas.
Tuesday, July 17, 2018
Tuesday, June 19, 2018
Va de nuevo
Y uno sigue, creyendo que sigue porque sabe a dónde va. Y uno sigue, hasta que descubre que no sabe si va o viene y menos cuando. Y así seguí, hasta que me tocó volver a aprender.
Gastón
Aa, Bb, Cc, Dd, Ee, Ff, Gg, Gastón
Hh, Ii, Jj, Kk, Ll, Mm, Nn, Oo, Gastón
Pp, Qq, Rr, Ss, Tt, Uu, Vv, Gastón
Ww, Xx, Yy, Zz... Gastón
El abecedario latino ha adquirido un nuevo miembro.
Gastón
Aa, Bb, Cc, Dd, Ee, Ff, Gg, Gastón
Hh, Ii, Jj, Kk, Ll, Mm, Nn, Oo, Gastón
Pp, Qq, Rr, Ss, Tt, Uu, Vv, Gastón
Ww, Xx, Yy, Zz... Gastón
El abecedario latino ha adquirido un nuevo miembro.
Wednesday, April 12, 2017
Las Malas Noticias
Me estoy cansando de las malas noticias. Me estoy cansando de las noticias simples, lineales. Me cansan las noticias sin fondo, de las noticias que parecen tener la naturaleza de un grito. Son claras y distintas. Parecen contundentes. Pero carecen de contenido y jamás siquiera buscarían tener mayor sustento que la presunción de un estado interno asociado. Como los gritos.
Como los gritos, las malas noticias se cocinan de manera exprés. No se requiere demasiado, de hecho, se exige poco para ser mala noticia; basta con un dato, una línea, una sugerencia, un giro, un silencio, cualquier cosa aislada que sea o bien novedosa o bien pase por serlo. Las malas noticias no se dan el tiempo de recopilar un poco más de información, otro guiño, un giro más, algo de contexto quizás. Las malas noticias no se preguntan, jamás, el por qué de la noticia. Obviamente tampoco ofrecen la respuesta. No le dan al lector o escucha razón alguna para darse él mismo el tiempo suficiente de pensar la noticia, de preguntarse el por qué del grito noticioso. Las malas noticias no están hechas para ser cuestionadas, sino aceptadas y digeridas de manera inmediata. Son más inmediatas que el alimento para infantes.
Las malas noticias están por todos lados, cubren todos los temas (incluso algunos que, incomprensiblemente, se vuelven temas). Las malas noticias provienen de todos los frentes y atacan todas las posturas. No respetan ideologías, cosmovisiones ni religiones, menos aún las orientaciones políticas. Las malas noticias cruzan todos los mares y fronteras, afectan a todas las doctrinas y escuelas y no se dejan amedrentar por el nivel educativo o estatus social de sus consumidores.
Hay que cuidarse de las malas noticias. Por suerte es fácil identificarlas. No resisten la duda y al menor cuestionamiento se desmoronan. Ahora se me ocurre que es bueno pasar por el mundo dudando las más de las veces, todo por evitar gritar noticias inútiles, vacías, sin sustento. A menos, claro está, que uno busque explícitamente el aturdimiento, la distracción por la distracción misma. Pero en ese caso quizás convenga más que grite yo mismo cualquier cosa. Así, además de distraerme y aturdirme, me sentiré momentáneamente más ligero, quizás incluso encuentre algo de paz.
Como los gritos, las malas noticias se cocinan de manera exprés. No se requiere demasiado, de hecho, se exige poco para ser mala noticia; basta con un dato, una línea, una sugerencia, un giro, un silencio, cualquier cosa aislada que sea o bien novedosa o bien pase por serlo. Las malas noticias no se dan el tiempo de recopilar un poco más de información, otro guiño, un giro más, algo de contexto quizás. Las malas noticias no se preguntan, jamás, el por qué de la noticia. Obviamente tampoco ofrecen la respuesta. No le dan al lector o escucha razón alguna para darse él mismo el tiempo suficiente de pensar la noticia, de preguntarse el por qué del grito noticioso. Las malas noticias no están hechas para ser cuestionadas, sino aceptadas y digeridas de manera inmediata. Son más inmediatas que el alimento para infantes.
Las malas noticias están por todos lados, cubren todos los temas (incluso algunos que, incomprensiblemente, se vuelven temas). Las malas noticias provienen de todos los frentes y atacan todas las posturas. No respetan ideologías, cosmovisiones ni religiones, menos aún las orientaciones políticas. Las malas noticias cruzan todos los mares y fronteras, afectan a todas las doctrinas y escuelas y no se dejan amedrentar por el nivel educativo o estatus social de sus consumidores.
Hay que cuidarse de las malas noticias. Por suerte es fácil identificarlas. No resisten la duda y al menor cuestionamiento se desmoronan. Ahora se me ocurre que es bueno pasar por el mundo dudando las más de las veces, todo por evitar gritar noticias inútiles, vacías, sin sustento. A menos, claro está, que uno busque explícitamente el aturdimiento, la distracción por la distracción misma. Pero en ese caso quizás convenga más que grite yo mismo cualquier cosa. Así, además de distraerme y aturdirme, me sentiré momentáneamente más ligero, quizás incluso encuentre algo de paz.
¡Aaaaaaaaaaaaarrrrrrrrrrrgggggghhh!
Monday, April 10, 2017
Recordar
Recordar cuánto se ha hecho en la propia vida, para vivirla con calma, con pausa. Recordar cuántas líneas se ha escrito, cuántas palabras útiles (e inútiles), para no escribir de más, a menos que sea necesario. Recordar cuántas razones ha esgrimido, cuántas ignorado, cuántas olvidado, para no discutir sin sentido, a menos que resulte indispensable. Recordar cuántas ideas ha tenido, cuántas ha alimentado, cuántas más ha soslayado, cuántas simplemente no ha entendido, para no pensar más que lo conveniente, a menos que resulte inconveniente. Recordar hasta reconocer los límites necesarios, indispensables, útiles y convenientes de los pasos, las palabras, las razones, los argumentos, las ideas. Seguir en este tono hasta envejecer un tanto más, hasta ganar la aceptación requerida para que caminar de más no resulte indispensable, para que la escritura sobrada no sea nunca necesaria, para que las razones dispensables no sean nunca indispensables, para que las ideas inconvenientes no sean más las convenientes.
Recordar para detenerse un poco. Detenerse para no caminar de más.
Recordar para detenerse un poco. Detenerse para no caminar de más.
Sunday, February 12, 2017
Nota personal
Esto de perdurar a través del tiempo parece involucrar la peculiar capacidad de transcurrir múltiples vidas, una tras la otra, sin mucho sentido narrativo que las unifique. Después de la quinta o sexta vida uno deja de creer, al menos si ha puesto atención, en la existencia de algún lugar espaciotemporalmente lejano que sirva de explicación. Cuando uno alcanza la séptima u octava, y además cuenta con una memoria que guarda registro detallado de las seis o siete vidas anteriores, comienza a notar que no hay más conexiones que las de causa y efecto.
No es muy conveniente tener buena memoria si uno busca alguna cohesión en el recuento de sus días. Pero, por otra parte, resulta ser un gran aliado cuando se trata de comprender que este juego no tiene por qué tener un sentido único abarcador.
Si las personas se definen por metas e intereses medianamente compatibles entre sí, es un engaño creer que somos una sola persona, incluso una sola al mismo tiempo. Probablemente el engaño sea producto del mal uso de la literatura.
No es muy conveniente tener buena memoria si uno busca alguna cohesión en el recuento de sus días. Pero, por otra parte, resulta ser un gran aliado cuando se trata de comprender que este juego no tiene por qué tener un sentido único abarcador.
Si las personas se definen por metas e intereses medianamente compatibles entre sí, es un engaño creer que somos una sola persona, incluso una sola al mismo tiempo. Probablemente el engaño sea producto del mal uso de la literatura.
Friday, January 06, 2017
Adiós a un hombre sincero
Hoy murió Ricardo Piglia. Nunca lo conocí en persona, aunque desde hace unos años guardaba la esperanza de hacerlo.
Hoy murió un escritor extraordinario cuya principal virtud, cuya característica casi sobrehumana, consistió en ser completa y desmedidamente sincero consigo mismo. Era sincero el reconocimiento de su sobrada inteligencia, su profunda comprensión y su gran sensibilidad. Pero también era sincero el reconocimiento de sus vicios, su arrogancia y su fobia al apego que lo convirtieron, paradójicamente, en un humilde conocedor, tanto intelectual como emocional, de los otros.
Hoy murió un hombre sincero. Se limitó a decir y explicar lo que pensaba como quien dice y explica lo que es. No le hizo falta inventar algo más que a sí mismo para ser extraordinario, excepcional, incluso genial. Así de grandes eran su cabeza y corazón. Así es la vida, según Piglia-Renzi:
"Una vida no se divide en capítulos, le dijo aquella tarde Emilio Renzi al barman de El Cervatillo, acodado en la barra, de pie frente al espejo y a las botellas de whisky, de vodka, de tequila que se alineaban en las estanterías del bar.
Al releer estos cuadernos me divierto y la musa mexicana se ríe a carcajadas con las divertidas aventuras de un aspirante a santo, me dice ella. De acuerdo, exacto, le digo yo, un libro cómico, sí, claro, siempre quise escribir una comedia, y al final fueron estos años de mi vida los que consiguieron el toque de humor que andaba buscando, dijo Renzi. Por eso, tal vez, los voy a llamar mis años felices, porque al leerlos y al transcribirlos me divertí viendo lo ridículo que es uno; hice sin querer de mi experiencia una sátira de la vida en general y también en particular. Basta verse de lejos para que la ironía y el humor conviertan los empecinamientos y las salidas de tono en un chiste. La vida contada por el mismo que la vive ya es un chiste, o mejor, le dijo Renzi al barman, una broma mefistofélica."
Hoy murió un escritor extraordinario cuya principal virtud, cuya característica casi sobrehumana, consistió en ser completa y desmedidamente sincero consigo mismo. Era sincero el reconocimiento de su sobrada inteligencia, su profunda comprensión y su gran sensibilidad. Pero también era sincero el reconocimiento de sus vicios, su arrogancia y su fobia al apego que lo convirtieron, paradójicamente, en un humilde conocedor, tanto intelectual como emocional, de los otros.
Hoy murió un hombre sincero. Se limitó a decir y explicar lo que pensaba como quien dice y explica lo que es. No le hizo falta inventar algo más que a sí mismo para ser extraordinario, excepcional, incluso genial. Así de grandes eran su cabeza y corazón. Así es la vida, según Piglia-Renzi:
"Una vida no se divide en capítulos, le dijo aquella tarde Emilio Renzi al barman de El Cervatillo, acodado en la barra, de pie frente al espejo y a las botellas de whisky, de vodka, de tequila que se alineaban en las estanterías del bar.
Al releer estos cuadernos me divierto y la musa mexicana se ríe a carcajadas con las divertidas aventuras de un aspirante a santo, me dice ella. De acuerdo, exacto, le digo yo, un libro cómico, sí, claro, siempre quise escribir una comedia, y al final fueron estos años de mi vida los que consiguieron el toque de humor que andaba buscando, dijo Renzi. Por eso, tal vez, los voy a llamar mis años felices, porque al leerlos y al transcribirlos me divertí viendo lo ridículo que es uno; hice sin querer de mi experiencia una sátira de la vida en general y también en particular. Basta verse de lejos para que la ironía y el humor conviertan los empecinamientos y las salidas de tono en un chiste. La vida contada por el mismo que la vive ya es un chiste, o mejor, le dijo Renzi al barman, una broma mefistofélica."
Ricardo Piglia. Los Diarios de Emilio Renzi. Los años felices
Friday, December 02, 2016
La Partida
"En alguna parte queda una parte de aquellos que murieron, en nosotros, con nosotros, porque todos nosotros, los que permanecemos después de ellos, somos partes de aquellos que partieron. Los guardamos bajo esta forma. Es una parte insoportable que nos recuerda siempre que partieron, que ya no podemos recibir más noticias de ellos, pero al menos sabemos que no se establecieron, no echaron raíces, no se fueron a descubrir otro mundo. Salieron del mundo. Los más cercanos los conservan como una parte de ellos mismos complicada en su recuerdo, en su sentimiento, en su pensamiento."
Jean Luc Nancy, 2016. ¿Qué significa partir?. Capital Intelectual. Buenos Aires. Traducción: Gabriel Entin.
Jean Luc Nancy, 2016. ¿Qué significa partir?. Capital Intelectual. Buenos Aires. Traducción: Gabriel Entin.
Wednesday, November 09, 2016
Good Bye America!
And right after they elected the first black president ever, they went straight to the center of their fear and elected the next white-supremacist president in modern history.
Sadness, fear, more sadness, rage, awe...
Once more, the crude truth appears: Stultorum humanum infinitum est numero.
Sadness, fear, more sadness, rage, awe...
Once more, the crude truth appears: Stultorum humanum infinitum est numero.
Tuesday, November 01, 2016
Desde Adentro
Acá llueve, sopla el viento, hace frío, a ratos calor, vuelve a soplar el viento y sigue lloviendo. Llegamos a Buenos Aires a mitad del invierno. Hace más de un mes comenzó la primavera. Salvo algunos grados más de temperatura, la cosa ha cambiado muy poco. Realmente. Por suerte vivimos en una terraza con dormitorio y sala que nos permite disfrutar la lluvia, el viento y hasta el apesadumbrado sol de Buenos Aires, desde adentro. Ocupamos el último piso de un edificio "cualunque", según dialecto local, desaparecido entre la imponencia y altura de sus vecinos.
Pero igual ocupamos el último piso. Y recién ahora lo entiendo. Esas ganas de ocupar el último piso. Esa engañosa motivación de verlo todo desde arriba, de alcanzar más horizonte, de cubrir la plaza sin salir de casa. Un buen día, pleno de frío y viento, llegó la angustia por el balcón a golpear con fuerza, a trastabillar el corazón, a irrumpir en la tranquila vida de esta terraza con dormitorio. Después de algunas consultas con mi analista externa, y otras tantas con mi analista interna, llegué a la sana conclusión, a estas alturas trivial, de que vivía un episodio más de estrés postraumático. Este último piso hace recordar aquél ático donde supe duramente y por teléfono que lo había perdido todo, que llamaban otros porque ellos no llamarían más. Mi corazón vuelve a agitarse ahora que lo escribo. Recién ahora lo entiendo. Esas ganas de ocupar el último piso y que llegue la llamada correcta, la que nunca llegó. Esas ganas contradictorias de volver a sufrir lo insufrible intentando recuperar lo perdido.
Y así se vive la incomprensible angustia, la taquicardia, el hueco estomacal, hasta que se identifica al responsable, la fibra causante, esas ganas de volver a desgarrarse por la ilusión misma de volver. Soy inocente. Me repito. Y lentamente vuelve el oxígeno, la calma, desde adentro.
Hace unas semanas descubrí la muerte de un gran amigo que supo más bien ser un gran padre. Dicen por ahí que lo visitó un cancer fulminante. Enrique Fierro, rinocerontista y poeta, no está más en su casa de Austin, pensando cómo escribir el poema correcto que cierre la posibilidad misma de la poesía de una vez y para siempre. Lo quise mucho a Enrique. No más de lo que él supo quererme. Lo sé. Lo sabemos. Me duele saberlo. Hace unas semanas confundí mi dolor por su ausencia con una supuesta queja (ególatra, sin duda) por no haber estado ahí los últimos días. Lo quise mucho a Enrique y se lo dije directamente, leyendo su poesía, tocando su corazón, digiriendo su poesía y entregándola de vuelta a sus manos. Sé que lo supo. Por eso estoy tranquilo, porque este dolor también se cura desde adentro.
No hace falta volver a desgarrarse por el mero afán de volver.
Pero igual ocupamos el último piso. Y recién ahora lo entiendo. Esas ganas de ocupar el último piso. Esa engañosa motivación de verlo todo desde arriba, de alcanzar más horizonte, de cubrir la plaza sin salir de casa. Un buen día, pleno de frío y viento, llegó la angustia por el balcón a golpear con fuerza, a trastabillar el corazón, a irrumpir en la tranquila vida de esta terraza con dormitorio. Después de algunas consultas con mi analista externa, y otras tantas con mi analista interna, llegué a la sana conclusión, a estas alturas trivial, de que vivía un episodio más de estrés postraumático. Este último piso hace recordar aquél ático donde supe duramente y por teléfono que lo había perdido todo, que llamaban otros porque ellos no llamarían más. Mi corazón vuelve a agitarse ahora que lo escribo. Recién ahora lo entiendo. Esas ganas de ocupar el último piso y que llegue la llamada correcta, la que nunca llegó. Esas ganas contradictorias de volver a sufrir lo insufrible intentando recuperar lo perdido.
Y así se vive la incomprensible angustia, la taquicardia, el hueco estomacal, hasta que se identifica al responsable, la fibra causante, esas ganas de volver a desgarrarse por la ilusión misma de volver. Soy inocente. Me repito. Y lentamente vuelve el oxígeno, la calma, desde adentro.
Hace unas semanas descubrí la muerte de un gran amigo que supo más bien ser un gran padre. Dicen por ahí que lo visitó un cancer fulminante. Enrique Fierro, rinocerontista y poeta, no está más en su casa de Austin, pensando cómo escribir el poema correcto que cierre la posibilidad misma de la poesía de una vez y para siempre. Lo quise mucho a Enrique. No más de lo que él supo quererme. Lo sé. Lo sabemos. Me duele saberlo. Hace unas semanas confundí mi dolor por su ausencia con una supuesta queja (ególatra, sin duda) por no haber estado ahí los últimos días. Lo quise mucho a Enrique y se lo dije directamente, leyendo su poesía, tocando su corazón, digiriendo su poesía y entregándola de vuelta a sus manos. Sé que lo supo. Por eso estoy tranquilo, porque este dolor también se cura desde adentro.
No hace falta volver a desgarrarse por el mero afán de volver.
Thursday, June 16, 2016
Me voy. Nos vamos
Me voy. Nos vamos. Seis años aquí, sin fijar nunca un sitio. Ocho domicilios y más de setenta mil kilómetros después, me voy. Nos vamos. Jamás imaginé que esto sería lo que es.
Antes de estos seis años vinieron, pisaron y se fueron otros cinco, lejos, muy lejos de aquí. Después de cuatro ciudades, tres países y ocho mudanzas lo había perdido todo excepto aquello que no podía perder sin desaparecer. Al final estaba de vuelta en una ciudad ajena, rodeado de gente desconocida. Comencé lentamente a borrar aquello, a tallar profundo, a negar lo imperdible. Había que tallar con fuerza para borrarlo todo. Lo hice. Desaparecieron los conocidos. Perdí a mi familia en un juego de azar. Se apartaron los desconocidos. Supe construir un igloo para detener el frío.
Me voy. Nos vamos. Seis años atrás lo creía. Me voy. Nos vamos. Pasan seis. Pasan cinco. Recuperé mi familia sin volverla a ver. Supe construir una casa para resguardar calor. Se van los años sin que uno sepa el sentido, sin que haga falta tenerlo. Ya no creo, mucho menos sé, cuántos años más volverán a ser ni dónde los habré de recontar.
Me voy. Nos vamos. Es todo lo que sé. Quizás todo lo que sabré.
Antes de estos seis años vinieron, pisaron y se fueron otros cinco, lejos, muy lejos de aquí. Después de cuatro ciudades, tres países y ocho mudanzas lo había perdido todo excepto aquello que no podía perder sin desaparecer. Al final estaba de vuelta en una ciudad ajena, rodeado de gente desconocida. Comencé lentamente a borrar aquello, a tallar profundo, a negar lo imperdible. Había que tallar con fuerza para borrarlo todo. Lo hice. Desaparecieron los conocidos. Perdí a mi familia en un juego de azar. Se apartaron los desconocidos. Supe construir un igloo para detener el frío.
Me voy. Nos vamos. Seis años atrás lo creía. Me voy. Nos vamos. Pasan seis. Pasan cinco. Recuperé mi familia sin volverla a ver. Supe construir una casa para resguardar calor. Se van los años sin que uno sepa el sentido, sin que haga falta tenerlo. Ya no creo, mucho menos sé, cuántos años más volverán a ser ni dónde los habré de recontar.
Me voy. Nos vamos. Es todo lo que sé. Quizás todo lo que sabré.
Saturday, June 04, 2016
Un Gigante de Corazón
En sus propias palabras:
I am an ordinary man who worked hard to develop the talent I was given. I sought the advice and cooperation from all of those around me - but not permission. My way of joking is to tell the truth. That's the funniest joke in the world.
It's the repetition of affirmations that leads to belief. And once that belief becomes a deep conviction, things begin to happen. I figured that if I said it enough, I would convince the world that I really was the greatest. I believed in myself, and I believe in the goodness of others. The man who has no imagination, has no wings. If my mind can conceive it, and my heart can believe it - then I can achieve it. It's just a job. Grass grows, birds fly, waves pound the sand. I beat people up. What keeps me going is goals.
Only a man who knows what it is like to be defeated can reach down to the bottom of his soul and come up with the extra ounce of power it takes to win when the match is even. Silence is golden when you can't think of a good answer.
He who is not courageous enough to take risks, will accomplish nothing in life. It isn't the mountains ahead that wear you out; it's the pebble in your shoe. A man who views the world the same at fifty as he did at twenty has wasted thirty years of his life.
Friendship is not something you learn in schoool. But if you haven't learned the meaning of friendship, you really haven't learned anything. Live every day as if it were your last because some day you're going to be right.
Don't feel sorry for me.
Muhammad Ali (1942 - 2016)
I am an ordinary man who worked hard to develop the talent I was given. I sought the advice and cooperation from all of those around me - but not permission. My way of joking is to tell the truth. That's the funniest joke in the world.
It's the repetition of affirmations that leads to belief. And once that belief becomes a deep conviction, things begin to happen. I figured that if I said it enough, I would convince the world that I really was the greatest. I believed in myself, and I believe in the goodness of others. The man who has no imagination, has no wings. If my mind can conceive it, and my heart can believe it - then I can achieve it. It's just a job. Grass grows, birds fly, waves pound the sand. I beat people up. What keeps me going is goals.
Only a man who knows what it is like to be defeated can reach down to the bottom of his soul and come up with the extra ounce of power it takes to win when the match is even. Silence is golden when you can't think of a good answer.
He who is not courageous enough to take risks, will accomplish nothing in life. It isn't the mountains ahead that wear you out; it's the pebble in your shoe. A man who views the world the same at fifty as he did at twenty has wasted thirty years of his life.
Friendship is not something you learn in schoool. But if you haven't learned the meaning of friendship, you really haven't learned anything. Live every day as if it were your last because some day you're going to be right.
Don't feel sorry for me.
Muhammad Ali (1942 - 2016)
Wednesday, March 16, 2016
Colonizados
Los mexicanos vivimos colonizados, desde fuera y desde dentro. La representación que tenemos de nosotros mismos es la de un adolescente inseguro en constante búsqueda de aprobación adulta. El adolescente somos todos. El padre son los demás. Los de afuera. Europa y Estados Unidos principalmente. Sudamérica, el eterno hermano.
Esta inmadurez se evidencia principalmente en la vida intelectual, moral y política mexicana. Organizamos talleres académicos en donde el 80% de los invitados son anglosajones o europeos occidentales. Entre más reconocidos los extranjeros, paradójicamente, más satisfechos nos sentimos con nosotros mismos. Como si tener invitados anglosajones renombrados sea una muestra de éxito personal mexicano. Triste y naturalmente, nuestros alumnos han aprendido a hacer lo mismo. Estamos convencidos de que sólo ellos, los europeos y anglosajones, pueden pensar y hacer cosas interesantes. Y con el paso del tiempo nos encargamos de que así sea.
Lo mismo pensamos moral y políticamente. Alemania está construida sobre la potencia de empresas nazis como VW, Audi, Siemens, BMW y hasta Hugo Boss. España está saturada de corrupción institucional, desde la casa real hasta los equipos de futbol. Francia trata a los seres humanos como reses y se "limpia" de gitanos cada tanto. Italia es la capital occidental de la mafia y no logra deshacerse de un magnate pedófilo asociado a la trata de blancas. Suiza guarda el dinero "limpio" del narcotráfico, la trata de blancas y la venta ilegal de armas de todo el planeta. Pero nosotros, los mexicanos seguimos siendo, a nuestros ojos, la peor escoria del planeta.
El cartel de Juárez financia al oficialismo y el de Sinaloa a la oposición. Sabemos que la inmensa mayoría de ese dinero viene de otros países. Países en donde los narcos son suficientemente astutos para librar impresionantes barreras morales y políticas sin sobornar ni corromper a nadie, porque allá, en la metrópoli, todo es decencia y rectitud. En Estados Unidos la cocaína les llega por dron o por tuberías. No hay asesinatos, ni venta ilegal de armas, ni policía corrupta. El servicio es limpio y gratuito. En europa la heroína aparece al pie de puerta de los consumidores. La policía sigue buscando sin atinar, mera mala suerte. Allá nadie se enriquece con la muerte, la adicción y la enfermedad de los otros. Pura decencia y rectitud, como dije. Estamos convencidos de que sólo ellos, los europeos y anglosajones, pueden pensar y hacer cosas limpias, decentes, rectas.
Y cada tanto volteamos al sur, como para obtener un reflejo que confirme nuestra infantil imagen. Y, como toda concepción enferma de uno mismo, la representación se confirma. El otrora incuestionable lider democrático de los trabajadores brasileños, y sudamericanos en general, hace hasta lo imposible por conseguirse un fuero que le proteja del abandono judicial al que lo llevó su codicia. Su voracidad fue tal que se llevó consigo a sus amigos sudamericanos: el peruano, el boliviano y la argentina entre otros. El recular cobarde de Lula no hace sino recordarnos al mexicano Calderón que hizo todo lo que pudo por proteger a su antecesor Zedillo para evitar que la justicia estadounidense lo juzgara por genocida. El fraude fiscal por 8 mil millones de Cristóbal López, con la venia de Cristina Fernández, no hace sino recordarnos a las condonaciones de deuda fiscal del gobierno federal al pobre y tambaleante Grupo Televisa, que tan necesitado está de un rescate.
Cada tanto miramos al sur y vemos lo mismo que en casa. Somos lo mismo. Pensamos los mexicanos que somos una sociedad esencialmente corrupa e indecente. Pero se nos olvida que en mirar al Norte y a Occidente nada cambia. Y nada cambiará. Porque no somos distintos moral, política o intelectualmente. Tan sólo somos más infantiles, más inseguros, más adolescentes.
Esta inmadurez se evidencia principalmente en la vida intelectual, moral y política mexicana. Organizamos talleres académicos en donde el 80% de los invitados son anglosajones o europeos occidentales. Entre más reconocidos los extranjeros, paradójicamente, más satisfechos nos sentimos con nosotros mismos. Como si tener invitados anglosajones renombrados sea una muestra de éxito personal mexicano. Triste y naturalmente, nuestros alumnos han aprendido a hacer lo mismo. Estamos convencidos de que sólo ellos, los europeos y anglosajones, pueden pensar y hacer cosas interesantes. Y con el paso del tiempo nos encargamos de que así sea.
Lo mismo pensamos moral y políticamente. Alemania está construida sobre la potencia de empresas nazis como VW, Audi, Siemens, BMW y hasta Hugo Boss. España está saturada de corrupción institucional, desde la casa real hasta los equipos de futbol. Francia trata a los seres humanos como reses y se "limpia" de gitanos cada tanto. Italia es la capital occidental de la mafia y no logra deshacerse de un magnate pedófilo asociado a la trata de blancas. Suiza guarda el dinero "limpio" del narcotráfico, la trata de blancas y la venta ilegal de armas de todo el planeta. Pero nosotros, los mexicanos seguimos siendo, a nuestros ojos, la peor escoria del planeta.
El cartel de Juárez financia al oficialismo y el de Sinaloa a la oposición. Sabemos que la inmensa mayoría de ese dinero viene de otros países. Países en donde los narcos son suficientemente astutos para librar impresionantes barreras morales y políticas sin sobornar ni corromper a nadie, porque allá, en la metrópoli, todo es decencia y rectitud. En Estados Unidos la cocaína les llega por dron o por tuberías. No hay asesinatos, ni venta ilegal de armas, ni policía corrupta. El servicio es limpio y gratuito. En europa la heroína aparece al pie de puerta de los consumidores. La policía sigue buscando sin atinar, mera mala suerte. Allá nadie se enriquece con la muerte, la adicción y la enfermedad de los otros. Pura decencia y rectitud, como dije. Estamos convencidos de que sólo ellos, los europeos y anglosajones, pueden pensar y hacer cosas limpias, decentes, rectas.
Y cada tanto volteamos al sur, como para obtener un reflejo que confirme nuestra infantil imagen. Y, como toda concepción enferma de uno mismo, la representación se confirma. El otrora incuestionable lider democrático de los trabajadores brasileños, y sudamericanos en general, hace hasta lo imposible por conseguirse un fuero que le proteja del abandono judicial al que lo llevó su codicia. Su voracidad fue tal que se llevó consigo a sus amigos sudamericanos: el peruano, el boliviano y la argentina entre otros. El recular cobarde de Lula no hace sino recordarnos al mexicano Calderón que hizo todo lo que pudo por proteger a su antecesor Zedillo para evitar que la justicia estadounidense lo juzgara por genocida. El fraude fiscal por 8 mil millones de Cristóbal López, con la venia de Cristina Fernández, no hace sino recordarnos a las condonaciones de deuda fiscal del gobierno federal al pobre y tambaleante Grupo Televisa, que tan necesitado está de un rescate.
Cada tanto miramos al sur y vemos lo mismo que en casa. Somos lo mismo. Pensamos los mexicanos que somos una sociedad esencialmente corrupa e indecente. Pero se nos olvida que en mirar al Norte y a Occidente nada cambia. Y nada cambiará. Porque no somos distintos moral, política o intelectualmente. Tan sólo somos más infantiles, más inseguros, más adolescentes.
Tuesday, March 15, 2016
El cuarto de baño
Nunca había tenido la oportunidad de contar con un cuarto de baño personal, no compartido. Por ende, no tenía la menor idea del espacio de posibilidades que esto genera. Aquí y allá escuché comentarios al respecto, siempre crípticos y nunca desarrollados (menos aún discutidos). No entendía, por ejemplo, por qué las personas insistían en tener revistas, periódicos y hasta libros, en sus baños. De hecho, no creo haber usado antes la diplomática frase "cuarto de baño". Siempre me pareció, hasta hoy, que era excesiva. "Al baño se va" pensaba yo "a nada más que mear o cagar" (y lavarse manos, por supuesto). Ir al baño fue (y es, en baños que no son cuartos de baño) cosa de unos momentos. Ir, servirse e irse. No hay necesidad de nada más, porque no hay otra necesidad. ¿De qué sirve un puesto de revistas/periódicos/libros si el baño no es el estudio, ni la sala, mucho menos una plaza, un parque o una biblioteca?
Pero, como decía, recientemente me he encontrado ante una distribución distinta de los espacios en este mundo. Hoy día la historia me favorece con un cuarto de baño propio. Se trata de una región espaciotemporal para mi desconocida. No es un espacio personal, íntimo, de introspección. Nada más opuesto a su naturaleza. Para eso está el estudio o la computadora y también, por supuesto, el dormitorio.
El cuarto de baño no parece ser un espacio de incremento del yo, sino más bien un espacio de disolución del mismo. Uno va felizmente a lo que va y de paso se deshace de muchas cosas más, entre ellas muchas angustias, obsesiones, envidias, celos y rechazos. La diferencia entre el baño y el cuarto de baño parece radicar justamente en el hecho de que el segundo, y no el primero, permite llevar el placer de la deposición a los niveles más significativos y freudianos. De ahí que quien se descubre gozando de un cuarto de baño propio puede dar fe de la paz y tranquilidad que ahí se originan.
El cuarto de baño es un obsequio temporal sin restricciones, puesto a nuestra disposición para hacer más que sólo ir al baño, nos permite estar en una fase avanzada de evolución de la líbido que vuelve a sus origines infantiles desde niveles conceptuales superiores. El cuarto de baño está hecho para deshacerse del producto de nuestra digestión mental. Habría que preguntarse si no es ahí donde mejor se piensa en virtud de que es ahí donde uno mejor se siente. Cabría imaginar una corte suprema tomando decisiónes en reunión a distancia, cada quien desde su propio cuarto de baño. La justicia, el equilibrio, la veracidad y el rigor de las decisiones tomadas desde el cuarto de baño difícilmente tendrían parangón.
Lástima que uno deba salir del cuarto de baño tan sólo para recoger los tabúes que pacientemente esperan en el umbral.
Pero, como decía, recientemente me he encontrado ante una distribución distinta de los espacios en este mundo. Hoy día la historia me favorece con un cuarto de baño propio. Se trata de una región espaciotemporal para mi desconocida. No es un espacio personal, íntimo, de introspección. Nada más opuesto a su naturaleza. Para eso está el estudio o la computadora y también, por supuesto, el dormitorio.
El cuarto de baño no parece ser un espacio de incremento del yo, sino más bien un espacio de disolución del mismo. Uno va felizmente a lo que va y de paso se deshace de muchas cosas más, entre ellas muchas angustias, obsesiones, envidias, celos y rechazos. La diferencia entre el baño y el cuarto de baño parece radicar justamente en el hecho de que el segundo, y no el primero, permite llevar el placer de la deposición a los niveles más significativos y freudianos. De ahí que quien se descubre gozando de un cuarto de baño propio puede dar fe de la paz y tranquilidad que ahí se originan.
El cuarto de baño es un obsequio temporal sin restricciones, puesto a nuestra disposición para hacer más que sólo ir al baño, nos permite estar en una fase avanzada de evolución de la líbido que vuelve a sus origines infantiles desde niveles conceptuales superiores. El cuarto de baño está hecho para deshacerse del producto de nuestra digestión mental. Habría que preguntarse si no es ahí donde mejor se piensa en virtud de que es ahí donde uno mejor se siente. Cabría imaginar una corte suprema tomando decisiónes en reunión a distancia, cada quien desde su propio cuarto de baño. La justicia, el equilibrio, la veracidad y el rigor de las decisiones tomadas desde el cuarto de baño difícilmente tendrían parangón.
Lástima que uno deba salir del cuarto de baño tan sólo para recoger los tabúes que pacientemente esperan en el umbral.
Saturday, March 05, 2016
¿Miedo a Trump?
Es el tema del momento. En todas partes. Realmente, en todo el mundo. Se discute en México, Madrid, Estados Unidos y Buenos Aires. Los mexicanos, enfocados por su discurso, parecen sentirlo más hondo. El tema es Trump. El magnate norteamericano que insiste en expresar opiniones amarrillistas de corte racista, sexista e intolerante, que ha logrado generar expectativa y temor sobre el futuro del país más importante del orbe y, por ende, del orbe.
La gente se preocupa por lo que pasará si el tal Trump es elegido presidente de los Estados Unidos de América. ¿Habrá muro fronterizo? ¿Los mexicanos, salvadoreños, nicaragüenses, guatemaltecos y demás migrantes, serán abiertamente asesinados en su intento por llegar a la tierra prometida? ¿La tierra prometida seguirá siendo prometida? ¿La CIA incrementará su vigilancia mundial? ¿El racismo se apoderará del triste país que lo instaure?
Especulación tras especulación. No podemos responder a estas preguntas. Por más informados que estemos, no habrá respuestas. Qué suceda cuando Trump sea presidente dependerá de muchos factores incalculables. Dependerá, por ejemplo, de las creencias y deseos de Trump cuando sea presidente (si lo llega a ser). Y estas dependerán de la situación mundial y local, incluyendo el empleo, las guerras, el petróleo, la cotización del dolar, la insatisfacción social, la insatisfacción partidaria y la distribución política del congreso norteamericano, entre muchos otros factores. Sea como sea, al igual que Obama, Trump sería un individuo con un poder bastante acotado. Obama lleva casi ocho años cerrando Guantánamo... ¿lo logrará? Trump podría pasar ocho años construyendo el muro.
¿Por qué nos preocupa un megalómano multimillonario de escaza imaginación? ¿Realmente es preocupante que sea presidente? Me temo que no. Lo preocupante no es la presidencialidad de Trump. Lo preocupante no es Trump. El tema no es Trump. Lo realmente preocupante, lo que debería ocupar nuestra imaginación y nuestro discurso, es la sociedad norteamericana en su totalidad. Se trata de una sociedad que no sólo está dividida racialmente sino que tiene una (o varias) separaciones aún más profundas. Se trata de una sociedad en la que la división urbe / campo suele corresponder a la división comodidad financiera / endeudamiento, la división educación / ignorancia, la división acceso a la salud / abandono, la división alimentación saludable / obesidad y diabétes, la división propietario / situación de calle y, sobre todo, la división entre los cómodos que no entienden a los intolerantes y la gente jodida (de todos los grupos étnicos) que acumula cada vez más ira y rabia.
El tema es lo profundamente enferma que está la sociedad norteamericana, toda ella. Desde el vagabundo más jodido hasta el banquero más rico, pasando por los trabajadores, los oficinistas, los artistas y los académicos más renombrados. El éxito político de Trump no debe ser el centro de nuestra preocupación porque no es está ahí la enfermedad. El affair Trump no es sino un síntoma, frío y delatador, de una sociedad que se va pudriendo cada vez más. Ese problema no se resolverá descabezando a Trump. De nada servirá que pierda las elecciones. Se irá Trump y surgirá alguien más. Así como se irá el Chapo (si se va) para dar lugar al alguien más. La podredumbre norteamericana se encargará de ello. No tengamos dudas. Eso, una sociedad entera, con cientos de millones de miembros contagiados, da pavor.
Que nadie se quede tranquilo. La enfermedad no lleva el sello exclusivo angloamericano. La misma descomposición ha permitido y fomentado la industrialización del narcotráfico en México y en todo el mundo. Lo mismo sucede en Madrid que en Buenos Aires. Formamos grupos escindidos, con una capacidad de indiferencia solamente comparable con el odio que suscita. No tengamos miedo a Trump. Tengamos miedo a nosotros mismos. De ahí viene Trump.
La gente se preocupa por lo que pasará si el tal Trump es elegido presidente de los Estados Unidos de América. ¿Habrá muro fronterizo? ¿Los mexicanos, salvadoreños, nicaragüenses, guatemaltecos y demás migrantes, serán abiertamente asesinados en su intento por llegar a la tierra prometida? ¿La tierra prometida seguirá siendo prometida? ¿La CIA incrementará su vigilancia mundial? ¿El racismo se apoderará del triste país que lo instaure?
Especulación tras especulación. No podemos responder a estas preguntas. Por más informados que estemos, no habrá respuestas. Qué suceda cuando Trump sea presidente dependerá de muchos factores incalculables. Dependerá, por ejemplo, de las creencias y deseos de Trump cuando sea presidente (si lo llega a ser). Y estas dependerán de la situación mundial y local, incluyendo el empleo, las guerras, el petróleo, la cotización del dolar, la insatisfacción social, la insatisfacción partidaria y la distribución política del congreso norteamericano, entre muchos otros factores. Sea como sea, al igual que Obama, Trump sería un individuo con un poder bastante acotado. Obama lleva casi ocho años cerrando Guantánamo... ¿lo logrará? Trump podría pasar ocho años construyendo el muro.
¿Por qué nos preocupa un megalómano multimillonario de escaza imaginación? ¿Realmente es preocupante que sea presidente? Me temo que no. Lo preocupante no es la presidencialidad de Trump. Lo preocupante no es Trump. El tema no es Trump. Lo realmente preocupante, lo que debería ocupar nuestra imaginación y nuestro discurso, es la sociedad norteamericana en su totalidad. Se trata de una sociedad que no sólo está dividida racialmente sino que tiene una (o varias) separaciones aún más profundas. Se trata de una sociedad en la que la división urbe / campo suele corresponder a la división comodidad financiera / endeudamiento, la división educación / ignorancia, la división acceso a la salud / abandono, la división alimentación saludable / obesidad y diabétes, la división propietario / situación de calle y, sobre todo, la división entre los cómodos que no entienden a los intolerantes y la gente jodida (de todos los grupos étnicos) que acumula cada vez más ira y rabia.
El tema es lo profundamente enferma que está la sociedad norteamericana, toda ella. Desde el vagabundo más jodido hasta el banquero más rico, pasando por los trabajadores, los oficinistas, los artistas y los académicos más renombrados. El éxito político de Trump no debe ser el centro de nuestra preocupación porque no es está ahí la enfermedad. El affair Trump no es sino un síntoma, frío y delatador, de una sociedad que se va pudriendo cada vez más. Ese problema no se resolverá descabezando a Trump. De nada servirá que pierda las elecciones. Se irá Trump y surgirá alguien más. Así como se irá el Chapo (si se va) para dar lugar al alguien más. La podredumbre norteamericana se encargará de ello. No tengamos dudas. Eso, una sociedad entera, con cientos de millones de miembros contagiados, da pavor.
Que nadie se quede tranquilo. La enfermedad no lleva el sello exclusivo angloamericano. La misma descomposición ha permitido y fomentado la industrialización del narcotráfico en México y en todo el mundo. Lo mismo sucede en Madrid que en Buenos Aires. Formamos grupos escindidos, con una capacidad de indiferencia solamente comparable con el odio que suscita. No tengamos miedo a Trump. Tengamos miedo a nosotros mismos. De ahí viene Trump.
Tuesday, March 01, 2016
En todos lados se cuecen habas
El 18 de julio de 1994 la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) sufrió un ataque terrorista con coche bomba. El saldo fue de 85 muertos y 300 heridos. Por mucho tiempo no se supo nada. Doce años después del ataque, en 2006, se lanzan pedidos de captura de seis personas, entre las cuales se encuentran miembros de Hezbollah, jefes de inteligencia iraní, ex-diplomáticos iraníes en Argentina y hasta miembros de la Guardia Revolucionaria de Irán. Diez años después de ese pedido de captura, sigue sin saberse nada. No hay detenidos. En 2004 comienza una investigación, a cargo del Fiscal Alberto Nisman, por sospechas de encubrimiento desde el estado argentino y a favor de los culpables.
En 2012 dos de los acusados salieron a la luz pública como candidatos presidenciales de Irán. Nadie los detiene. En 2013 el estado argentino, encabezado por Cristina F. de K., firma un acuerdo con Irán. La investigación de encubrimiento continua. Hacia 2015, tras once años de investigación, Nisman decide presentar una denuncia por encubrimiento contra altos miembros del estado argentino, entre ellos la cabeza del estado. Se conoce la noticia de la denuncia de Nisman los primeros días de enero. Se le cita a declaración ante el congreso la semana del 19 al 23 de enero de 2015. El 18 de enero amanece asesinado en el baño de su casa.
Comienza la investigación de la muerte de Nisman. El estado se encarga de destruir la imagen del fiscal. Se habla de lavado de dinero, evasión fiscal y otras glorias. No se habla del encubrimiento del estado. Tampoco se habla mucho del mal manejo de la escena del crimen. La fiscal encargada del asesinato de Nisman, Viviana Fein, está convencida de que Nisman se suicidó. La causa no toma otro camino. Antonio "Jaime" Stiuso, jefe de la agencia de inteligencia y espionaje de la Argentina hasta diciembre de 2014, declara ante la fiscal Fein a solas, nunca ante periodistas. Poco tiempo después se "auto" exilia en Estados Unidos por temor a que él o su familia sean asesinados. La fiscal sale a decir que Stiuso no dijo nada, sólo que no contestó las llamadas de Nisman días antes de su muerte.
Desde esa declaración a la fecha pasaron muchas cosas en la Argentina. Cristina y su grupo político salieron del gobierno. La jueza encargada de la causa de Nisman decidió al fin quitarle la causa a la fiscal Fein, quien seguía creyendo en el suicidio (sin huellas de Nisman en el arma ni restos de pólvora en el cuerpo de Nisman). El día de ayer, volvió Antonio "Jaime" Stiuso a declarar, ahora ante la jueza, la fiscal Fein y los abogados de las partes querellantes. Declaró por más de catorce horas. Involucró a miembros del gobierno nacional, miembros de inteligencia, en la muerte de Nisman. Hizo saber su convicción, que es la de todos los argentinos, de que a Nisman lo mataron por su trabajo de investigación contra el estado argentino.
Pero no sólo, Stiuso hizo saber que ya había declarado esto, meses atrás, ante Fein a solas. Al parecer Fein decidió falsear el acta de declaración de Stiuso y no incluyó esta declaración. Tal vez porque sería difícil hacerla consistente con su certeza sobre el suicidio. La jueza encargada, tras catorce horas de "impactantes" declaraciones (de acuerdo con los abogados querellantes), tomó dos decisiones. Primero, denunciar a la fiscal Fein por no incluir la declaración de Stiuso hace meses. Segundo, declararse incompetente y pasar la causa al foro federal. Hay una buena, simple y suficiente razón. Nisman era funcionario federal. No se suicidó. Lo asesinaron.
El atentado contra la AMIA es una muestra más de que en todos lados se cuecen habas. Un acto brutal y explícito contra la población civil de un estado que encubre el atentado y luego encubre su encubrimiento del atentado, para pasar después a negociar con los terroristas y asesinar al parlanchin al que se le ocurrió denunciar el encubrimiento del encubrimiento del encubrimiento, cuyo asesinato también fue (y sigue siendo) encubierto.
Acá en México seguimos encubriendo a los que día con día desaparecen personas. En todos lados se cuecen habas.
En 2012 dos de los acusados salieron a la luz pública como candidatos presidenciales de Irán. Nadie los detiene. En 2013 el estado argentino, encabezado por Cristina F. de K., firma un acuerdo con Irán. La investigación de encubrimiento continua. Hacia 2015, tras once años de investigación, Nisman decide presentar una denuncia por encubrimiento contra altos miembros del estado argentino, entre ellos la cabeza del estado. Se conoce la noticia de la denuncia de Nisman los primeros días de enero. Se le cita a declaración ante el congreso la semana del 19 al 23 de enero de 2015. El 18 de enero amanece asesinado en el baño de su casa.
Comienza la investigación de la muerte de Nisman. El estado se encarga de destruir la imagen del fiscal. Se habla de lavado de dinero, evasión fiscal y otras glorias. No se habla del encubrimiento del estado. Tampoco se habla mucho del mal manejo de la escena del crimen. La fiscal encargada del asesinato de Nisman, Viviana Fein, está convencida de que Nisman se suicidó. La causa no toma otro camino. Antonio "Jaime" Stiuso, jefe de la agencia de inteligencia y espionaje de la Argentina hasta diciembre de 2014, declara ante la fiscal Fein a solas, nunca ante periodistas. Poco tiempo después se "auto" exilia en Estados Unidos por temor a que él o su familia sean asesinados. La fiscal sale a decir que Stiuso no dijo nada, sólo que no contestó las llamadas de Nisman días antes de su muerte.
Desde esa declaración a la fecha pasaron muchas cosas en la Argentina. Cristina y su grupo político salieron del gobierno. La jueza encargada de la causa de Nisman decidió al fin quitarle la causa a la fiscal Fein, quien seguía creyendo en el suicidio (sin huellas de Nisman en el arma ni restos de pólvora en el cuerpo de Nisman). El día de ayer, volvió Antonio "Jaime" Stiuso a declarar, ahora ante la jueza, la fiscal Fein y los abogados de las partes querellantes. Declaró por más de catorce horas. Involucró a miembros del gobierno nacional, miembros de inteligencia, en la muerte de Nisman. Hizo saber su convicción, que es la de todos los argentinos, de que a Nisman lo mataron por su trabajo de investigación contra el estado argentino.
Pero no sólo, Stiuso hizo saber que ya había declarado esto, meses atrás, ante Fein a solas. Al parecer Fein decidió falsear el acta de declaración de Stiuso y no incluyó esta declaración. Tal vez porque sería difícil hacerla consistente con su certeza sobre el suicidio. La jueza encargada, tras catorce horas de "impactantes" declaraciones (de acuerdo con los abogados querellantes), tomó dos decisiones. Primero, denunciar a la fiscal Fein por no incluir la declaración de Stiuso hace meses. Segundo, declararse incompetente y pasar la causa al foro federal. Hay una buena, simple y suficiente razón. Nisman era funcionario federal. No se suicidó. Lo asesinaron.
El atentado contra la AMIA es una muestra más de que en todos lados se cuecen habas. Un acto brutal y explícito contra la población civil de un estado que encubre el atentado y luego encubre su encubrimiento del atentado, para pasar después a negociar con los terroristas y asesinar al parlanchin al que se le ocurrió denunciar el encubrimiento del encubrimiento del encubrimiento, cuyo asesinato también fue (y sigue siendo) encubierto.
Acá en México seguimos encubriendo a los que día con día desaparecen personas. En todos lados se cuecen habas.
Monday, February 22, 2016
La megalomanía de Bergoglio
¿Qué hizo Bergoglio en México? He aquí una respuesta desde la filosofía del lenguaje.
Comencemos, primero, con un poco de teoría. Toda conversación y todo disurso suceden dentro de un contexto, en un lugar y tiempo determinados. Pero también con ciertas presuposiciones, algunas compartidas y otras no, entre los participantes de la conversación o del discurso. Comúnmente entablamos una conversación, por ejemplo, con el fin de obtener, o de ofrecer, nueva información. Esto se logra, principalmente, cuando se modifica el conjunto de presuposiciones que comparten los participantes en la conversación (ya sea añadiendo o quitando información).
Por ejemplo, cuando el vecino me pregunta por la hora, está presuponiendo que yo sé (o que puedo fácilmente saber) qué hora es. Si esta presuposición es común, si yo también presupongo que yo sé (o que puedo fácilmente saber) qué hora es, la conversación podrá proseguir. Miro mi reloj y le doy la respuesta, son las 10:00 am. Al darle la respuesta he introducido nueva información al contexto, añadiendo una presuposición más. Ambos presuponemos que ambos sabemos qué hora es y ambos presuponemos que son las 10:00 am. Dado que esta información ya es parte de las presuposiciones de la conversación, sería inutil continuar hablando sobre el tema. En el mejor de los casos se tomaría como una broma. Si el vecino insiste en volverme a preguntar por la hora, pensaré que está jugando. Si sigue insistiendo, pensaré o bien que algo está mal con su cabeza o que busca incomodarme.
Esto sucede en todos los contextos en los que tiene lugar una conversación o un discurso. Si se busca realmente alcanzar la meta de compartir o intercambiar información para el beneficio de una o ambas partes, más vale que esa información no esté ya incluida entre las presuposiciones compartidas por las partes de la conversación. Hay sólo dos excepciones a esta regla: el de la conversación como medio para evitar silencios incómodos y el de la conversación como medio para llamar la atención.
El primero de estos casos sucede, por ejemplo, cuando los participantes se conocen entre sí parcialmente, pero no se tienen suficiente confianza y no pretenden mantener una relación más allá del momento de esa conversación. La situación llega a ser incomoda, al punto de que entablar una conversación ayudará a disolver (aunque sea un poco) la incomidad. Conversaciones como ésta suceden comúnmente. El tema favorito de estas conversaciones es el estado del clima ("¡Qué días tan fríos! ¿No?").
El segundo caso, en donde una persona forma parte de una conversación con el mero fin de atraer las miradas, sucede comúnmente en contextos en donde todo lo que se dice ya forma parte de las presuposiciones de los participantes. Esto sucede entre personas que se conocen suficientemente y que comparten suficientes creencias y presuposiciones. Consideremos un ejemplo. Una conversación entre amigos. Todos se consideran intelectuales de izquierda y defensores de los oprimidos. Saben todo sobre violaciones a derechos humanos en su país, violencia de género y discriminación. Hay poca información, salvo algunas noticias recientes, que no sea parte de las presuposiciones que comparten. Aún así, uno de ellos insiste, "Realmente es una desgracia cómo hemos maltratado a las minorías, los indígenas, las mujeres, los LGBTTI, los discapacitados. Algo debemos hacer." Quien dice esto sabe que los demás presuponen lo que dijo. Más aún, esa persona sabe que los demás presuponen que ella misma (la persona que habló) presupone lo que dijo. No hay interpretación alguna que convierta su participación en algo informativo. Lo único que logrará será llamar la atención de los demás, quienes se preguntarán qué intenta hacer.
Vayamos ahora al caso de Bergoglio y su visita a México. El contexto es muy transparente. Los mexicanos presuponemos que nuestro país tiene mucha corrupción en todos los niveles, que el narcotráfico tiene control casi completo de la sociedad, que las desapariciones están a la orden del día, que la sociedad civil corre peligro, que el clero hace poco por ayudar a la gente necesitada, que a los indígenas los hemos maltratado y que el fenómeno de la migración transmexicana es una tragedia. Pero no sólo presuponemos esto, presuponemos que esto es de conocimiento común, presuponemos que todos presuponen que México es justo como acabo de describirlo.
Más todavía, presuponemos que otros, fuera de México, aquellos que estén bien informados, también presuponen que las cosas son así. De hecho, podemos generalizar esto para incluir a la comunidad internacional. Los medios de información de los demás países claramente presuponían que Bergoglio visitaba un país corrupto, campeón internacional del narcotráfico, de las muertes por desaparición y demás linduras.
El contexto incluye más información. Además de la triste imagen que tenemos de México, los mexicanos también compartíamos una imagen internacional, cuidadosamente trabajada, de Bergoglio, según la cual es un líder mundial justiciero, muy bien informado, con la brújula moral y política andando, que lucha por los oprimidos, que pone el dedo en la llaga, que no se deja amedrentar, que visita a sus feligreces para ayudarlos a resolver problemas con su visita.
Consideremos entonces los discursos y conversaciones de Bergoglio en México. Habló de todas y cada una de las cosas que ya sabemos de México. Nos recordó que tenemos que presuponer lo que ya presuponemos y que él también presupone. Dado que es una persona bien informada, podemos decir también que él presupone que nosotros presuponemos lo que nos vino a decir. Más aún, seguramente sabía que presuponíamos que él ya sabía todo eso. Bergoglio no trajo información útil para compartir con nosotros. Tampoco nos pidió que cambiáramos nuestras presuposiciones. Lo mismo debe decirse sobre el contexto global. Nada de lo que dijo Bergoglio constituye información útil a la comunidad internacional. Ninguna de sus presuposiciones sobre México cambió.
No logró, entonces, informar a nadie. Pero logró, eso sí, comportarse de manera consistente con la imagen de lider justiciero, de brújula moral y política correcta, que ya tenía antes de venir.
Cuando una conversación no incluye intercambios informativos cabe pensar que se busca meramente pasar el rato (romper el silencio incómodo), bromear o llamar la atención. Parece errado pensar que Bergoglio estuvo en México sólo para pasar el rato. Sus discursos estaban acompañados de expresiones adustas y aseveraciones contundentes. Tampoco estaba bromeando. Bergoglio vino a llamar la atención, a aprovechar el terreno fértil que es México para los justicieros y las hermanas de la caridad, vino a abusar de la desgracia en que vive la gente de este país para dirigir los reflectores del mundo sobre su persona, para llamar la atención mundial, para que se lo vea hablar de rectitud en el centro de la perdición.
La única explicación que no convierte a Bergoglio en un subnormal que no entiende cómo funciona una conversación es la que lo convierte en una persona sustancialmente interesada en su propia imagen proyectada a lo largo y ancho del planeta, una imagen que necesita atención del mundo, de todo el mundo. Vino a México a hablar de sí mismo, siempre por encima de los demás.
No seas ególatra Bergoglio. No seas megalómano. Eres un ser humano como cualquier otro y mereces tanta atención como las demás personas a las que no le brindaste la tuya.
Comencemos, primero, con un poco de teoría. Toda conversación y todo disurso suceden dentro de un contexto, en un lugar y tiempo determinados. Pero también con ciertas presuposiciones, algunas compartidas y otras no, entre los participantes de la conversación o del discurso. Comúnmente entablamos una conversación, por ejemplo, con el fin de obtener, o de ofrecer, nueva información. Esto se logra, principalmente, cuando se modifica el conjunto de presuposiciones que comparten los participantes en la conversación (ya sea añadiendo o quitando información).
Por ejemplo, cuando el vecino me pregunta por la hora, está presuponiendo que yo sé (o que puedo fácilmente saber) qué hora es. Si esta presuposición es común, si yo también presupongo que yo sé (o que puedo fácilmente saber) qué hora es, la conversación podrá proseguir. Miro mi reloj y le doy la respuesta, son las 10:00 am. Al darle la respuesta he introducido nueva información al contexto, añadiendo una presuposición más. Ambos presuponemos que ambos sabemos qué hora es y ambos presuponemos que son las 10:00 am. Dado que esta información ya es parte de las presuposiciones de la conversación, sería inutil continuar hablando sobre el tema. En el mejor de los casos se tomaría como una broma. Si el vecino insiste en volverme a preguntar por la hora, pensaré que está jugando. Si sigue insistiendo, pensaré o bien que algo está mal con su cabeza o que busca incomodarme.
Esto sucede en todos los contextos en los que tiene lugar una conversación o un discurso. Si se busca realmente alcanzar la meta de compartir o intercambiar información para el beneficio de una o ambas partes, más vale que esa información no esté ya incluida entre las presuposiciones compartidas por las partes de la conversación. Hay sólo dos excepciones a esta regla: el de la conversación como medio para evitar silencios incómodos y el de la conversación como medio para llamar la atención.
El primero de estos casos sucede, por ejemplo, cuando los participantes se conocen entre sí parcialmente, pero no se tienen suficiente confianza y no pretenden mantener una relación más allá del momento de esa conversación. La situación llega a ser incomoda, al punto de que entablar una conversación ayudará a disolver (aunque sea un poco) la incomidad. Conversaciones como ésta suceden comúnmente. El tema favorito de estas conversaciones es el estado del clima ("¡Qué días tan fríos! ¿No?").
El segundo caso, en donde una persona forma parte de una conversación con el mero fin de atraer las miradas, sucede comúnmente en contextos en donde todo lo que se dice ya forma parte de las presuposiciones de los participantes. Esto sucede entre personas que se conocen suficientemente y que comparten suficientes creencias y presuposiciones. Consideremos un ejemplo. Una conversación entre amigos. Todos se consideran intelectuales de izquierda y defensores de los oprimidos. Saben todo sobre violaciones a derechos humanos en su país, violencia de género y discriminación. Hay poca información, salvo algunas noticias recientes, que no sea parte de las presuposiciones que comparten. Aún así, uno de ellos insiste, "Realmente es una desgracia cómo hemos maltratado a las minorías, los indígenas, las mujeres, los LGBTTI, los discapacitados. Algo debemos hacer." Quien dice esto sabe que los demás presuponen lo que dijo. Más aún, esa persona sabe que los demás presuponen que ella misma (la persona que habló) presupone lo que dijo. No hay interpretación alguna que convierta su participación en algo informativo. Lo único que logrará será llamar la atención de los demás, quienes se preguntarán qué intenta hacer.
Vayamos ahora al caso de Bergoglio y su visita a México. El contexto es muy transparente. Los mexicanos presuponemos que nuestro país tiene mucha corrupción en todos los niveles, que el narcotráfico tiene control casi completo de la sociedad, que las desapariciones están a la orden del día, que la sociedad civil corre peligro, que el clero hace poco por ayudar a la gente necesitada, que a los indígenas los hemos maltratado y que el fenómeno de la migración transmexicana es una tragedia. Pero no sólo presuponemos esto, presuponemos que esto es de conocimiento común, presuponemos que todos presuponen que México es justo como acabo de describirlo.
Más todavía, presuponemos que otros, fuera de México, aquellos que estén bien informados, también presuponen que las cosas son así. De hecho, podemos generalizar esto para incluir a la comunidad internacional. Los medios de información de los demás países claramente presuponían que Bergoglio visitaba un país corrupto, campeón internacional del narcotráfico, de las muertes por desaparición y demás linduras.
El contexto incluye más información. Además de la triste imagen que tenemos de México, los mexicanos también compartíamos una imagen internacional, cuidadosamente trabajada, de Bergoglio, según la cual es un líder mundial justiciero, muy bien informado, con la brújula moral y política andando, que lucha por los oprimidos, que pone el dedo en la llaga, que no se deja amedrentar, que visita a sus feligreces para ayudarlos a resolver problemas con su visita.
Consideremos entonces los discursos y conversaciones de Bergoglio en México. Habló de todas y cada una de las cosas que ya sabemos de México. Nos recordó que tenemos que presuponer lo que ya presuponemos y que él también presupone. Dado que es una persona bien informada, podemos decir también que él presupone que nosotros presuponemos lo que nos vino a decir. Más aún, seguramente sabía que presuponíamos que él ya sabía todo eso. Bergoglio no trajo información útil para compartir con nosotros. Tampoco nos pidió que cambiáramos nuestras presuposiciones. Lo mismo debe decirse sobre el contexto global. Nada de lo que dijo Bergoglio constituye información útil a la comunidad internacional. Ninguna de sus presuposiciones sobre México cambió.
No logró, entonces, informar a nadie. Pero logró, eso sí, comportarse de manera consistente con la imagen de lider justiciero, de brújula moral y política correcta, que ya tenía antes de venir.
Cuando una conversación no incluye intercambios informativos cabe pensar que se busca meramente pasar el rato (romper el silencio incómodo), bromear o llamar la atención. Parece errado pensar que Bergoglio estuvo en México sólo para pasar el rato. Sus discursos estaban acompañados de expresiones adustas y aseveraciones contundentes. Tampoco estaba bromeando. Bergoglio vino a llamar la atención, a aprovechar el terreno fértil que es México para los justicieros y las hermanas de la caridad, vino a abusar de la desgracia en que vive la gente de este país para dirigir los reflectores del mundo sobre su persona, para llamar la atención mundial, para que se lo vea hablar de rectitud en el centro de la perdición.
La única explicación que no convierte a Bergoglio en un subnormal que no entiende cómo funciona una conversación es la que lo convierte en una persona sustancialmente interesada en su propia imagen proyectada a lo largo y ancho del planeta, una imagen que necesita atención del mundo, de todo el mundo. Vino a México a hablar de sí mismo, siempre por encima de los demás.
No seas ególatra Bergoglio. No seas megalómano. Eres un ser humano como cualquier otro y mereces tanta atención como las demás personas a las que no le brindaste la tuya.
Tuesday, February 16, 2016
Eclesiastes 1:2
No hay mejor vanidad que la de disfrutar el trabajo. O según el Predicador
"No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios. Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor."
"No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios. Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor."
La Vanidad Papal
Cuarto día de turismo papal. Nos habla de amor guadalupano a los desprotegidos; entre ellos principalmente los jóvenes, los indígenas y la naturaleza. Nos aconseja coraje y humildad. Pide hacer labor pastoral y no política. Salir a las calles y no limitarse a dar discursos en catedral, en el episcopado o en el congreso. Nos sugiere evitar las tentaciones de la fama, la avaricia y el orgullo. Y de paso recomienda no intentar dialogar con el mal, sino dejar que las palabras de dios resuelvan todo.
Mientras el papa habla, habla y habla, la gente jodida, los desprotegidos del papa, siguen esperando que los escuchen. Los indígenas siguen esperando que entiendan, entre ellos Bergoglio, que lo que quieren no es que les den misa con golpe de pecho, sino trabajo, sustento, libertad, educación.
Mientras el papa habla, habla y habla sobre lo peligroso que privilegiar a unos cuantos en detrimento de muchos, sobre la corrupción y la desigualdad, la gente desprotegida ya sea por el estado o por la iglesia, sigue llenando plazas sacrificando su salud por escuchar tanta palabra bendita.
Mientras el papa habla, habla y habla, la gente desaparecida, las víctimas de la guerra del estado mexicano contra el pueblo mexicano, también conocida como guerra contra el narco, siguen esperando que alguien, alguna cabeza de estado de algún estado de esos que tantos hay en el mundo, los reconozca. No hay reunión agendada con desprotegido alguno. Hay quejas, eso sí, por tener la insubordinación, la arrogancia de creer que se le puede sugerir, insistir o presionar al papa para que corrija su conducta discursiva.
Mientras Bergoglio habla, habla y habla los de abajo escuchamos de rebote que importa más lo que se dice que lo que se hace. Que la imagen proyectada en pantalla pesa más que la justicia silente de la que nadie se entera. Mientras Jorgito el porteño se llena la boca de bellas y encandilantes palabras de justicia, perdón y amor, los de abajo descubrimos una tentación más que el obispo de Roma parece haber dejado en el olvido de su negación.
A Bergoglio se le olvidó el Eclesiastés (Predicador), el libro que más le debe pertenecer.
A Berboglio sólo parece importarle su trabajo: dar misa por el mundo y esparcir sus justicieros discursos. Olvida que de nada sirve su trabajo. Que sus homilias no enderezan lo torcido ni terminan lo incompleto. Que su imagen de viejo sabio y sus esforzados discursos misericordiosos no son más que superficie y vanidad. No sabe reconocer el tiempo de callar, menos sabe aún que el silencio se hizo para escuchar. Su cansado corazón, taquicárdico a dos mil metros sobre el nivel medio del mar, está lleno de vanidad.
Vanitas vanitatum, dixit Eclesiastes, vanitas vanitatum et omnia vanitas.
Mientras el papa habla, habla y habla, la gente jodida, los desprotegidos del papa, siguen esperando que los escuchen. Los indígenas siguen esperando que entiendan, entre ellos Bergoglio, que lo que quieren no es que les den misa con golpe de pecho, sino trabajo, sustento, libertad, educación.
Mientras el papa habla, habla y habla sobre lo peligroso que privilegiar a unos cuantos en detrimento de muchos, sobre la corrupción y la desigualdad, la gente desprotegida ya sea por el estado o por la iglesia, sigue llenando plazas sacrificando su salud por escuchar tanta palabra bendita.
Mientras el papa habla, habla y habla, la gente desaparecida, las víctimas de la guerra del estado mexicano contra el pueblo mexicano, también conocida como guerra contra el narco, siguen esperando que alguien, alguna cabeza de estado de algún estado de esos que tantos hay en el mundo, los reconozca. No hay reunión agendada con desprotegido alguno. Hay quejas, eso sí, por tener la insubordinación, la arrogancia de creer que se le puede sugerir, insistir o presionar al papa para que corrija su conducta discursiva.
Mientras Bergoglio habla, habla y habla los de abajo escuchamos de rebote que importa más lo que se dice que lo que se hace. Que la imagen proyectada en pantalla pesa más que la justicia silente de la que nadie se entera. Mientras Jorgito el porteño se llena la boca de bellas y encandilantes palabras de justicia, perdón y amor, los de abajo descubrimos una tentación más que el obispo de Roma parece haber dejado en el olvido de su negación.
A Bergoglio se le olvidó el Eclesiastés (Predicador), el libro que más le debe pertenecer.
Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay de nuevo bajo del sol.
Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. Lo torcido no se puede enderezar y lo incompleto no puede contarse. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad.
Porque, ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol? Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad.
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de romper y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar.
Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. Lo torcido no se puede enderezar y lo incompleto no puede contarse. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad.
Porque, ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol? Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad.
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de romper y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar.
A Berboglio sólo parece importarle su trabajo: dar misa por el mundo y esparcir sus justicieros discursos. Olvida que de nada sirve su trabajo. Que sus homilias no enderezan lo torcido ni terminan lo incompleto. Que su imagen de viejo sabio y sus esforzados discursos misericordiosos no son más que superficie y vanidad. No sabe reconocer el tiempo de callar, menos sabe aún que el silencio se hizo para escuchar. Su cansado corazón, taquicárdico a dos mil metros sobre el nivel medio del mar, está lleno de vanidad.
Vanitas vanitatum, dixit Eclesiastes, vanitas vanitatum et omnia vanitas.
Subscribe to:
Posts (Atom)
