Wednesday, December 02, 2009

Las visitas



Es un tanto extraño, ahora lo entiendo, que de pronto te visite el pasado. Más extraño aún no darse cuenta, hasta que se ha ido. Llegó hace unos meses. Tres, para ser preciso. Sin maletas. Su presencia, insistencia, fueron suficientes. Lo debí notar entonces. Pero lo supo esconder. De ahí su éxito. Era un trozo de pasado encarnado, personificado. Un ser que pasa de ser un amigo a no sé qué ser.

Entró por la puerta de casa con un solo propósito. Obligarme a reconocerme. A limpiar el camino entero. No se fue sin lograrlo.

Me ha enseñado concretamente la necesidad de estar a cuenta con el pasado. Ahora lo entiendo, no sin dolor. Se ha ido. Él. Me ha dejado con el pasado sentado en plena sala. Sé, con toda certeza, que no lo volveré a encontrar. Vendrá el amigo, sí. Lo habré de encontrar, sin duda. Pero no volverá lo pasado. Él.

Con todo, su labor no deja de merecer reconocimiento. Se introdujo en lo más ordinario del presente. En la rutina. Las mañanas, los almuerzos, las cenas, los viajes, las dudas, los proyectos, el gusto ordinario de las cervezas después del trabajo. Alimentó esas creencias injustificadas que tanto motivan el andar del día. Me hizo ver lo terriblemente imaginario que soy al reinventarse de principio a fin frente a mis ojos. Él. Pasado. Lentamente dejaba de ser ese amigo de antaño. Me desvanecía yo de sus memorias. No sé qué acabamos siendo. Él y yo. Para él y para mi.

Corrijo. Sé muy bien. Cuando uno enfrenta su pasado, con tanta constancia, termina por olvidarse. Somos ahora un pleno par de desconocidos. Uno es tanto como su rutina. Se fue sin ella. Lo dejo todo aquí. Las mañanas, el gimnasio, los almuerzos. ¿Quién es, cómo y dónde? Lo ignoro. Será cosa de esperar otra visita.

Meses después se ha ido ese pasado terrible. Silente. Salió por la puerta. No pude hacer menos que mandarlo una vez más a volar.

Pasado amigo. Amigo pasado. A eso se dedican las visitas. A pasar.

Gracias hermano, por traerme el pasado. Gracias amigo, por llevarte ese trozo de tiempo y guardarlo. Gracias por dejarme la guitarra y los tiempos libres. Futuro y presencia. Ya te contaré, después, en otro viaje, otra visita, qué fue de ellos.

Las visitas nos ayudan a entender por qué extraña uno siempre el pasado.