Sunday, May 03, 2009

Ópera se dice de muchas maneras

La ópera es uno de esas productos raros de la tradición occidental que no se sabe bien si aún se crea, como el arte contemporáneo, o si más bien se conserva, como objeto de curiosidad en museo de arqueología. Es fácil creer que la ópera son ambas cosas: algo que (rara vez) se crea (por pocos) y algo que (constantemente) se (pretende) conserva(r). He vivido muy poco la ópera, pero sospecho que algo hay de verdad en ésta idea. No porque piense que, a diferencia de la materia, la ópera se crea y se conserva, ni porque, como el arte, pase de uno al otro lado de Reforma, de Antropología al MAM. No. Pero casi. Creo, más bien, que hay dos actitudes contrastantes con respecto al canto escenificado. La ópera-ópera, con pretensiones conservadoras, y la ópera-representacional, con pretensiones plásticas.

Para muestra, un botón. En las últimas dos semanas hemos ido dos veces a la ópera de Paris (los boletos de pie son muy baratos). En ambas ocasiones nos enfrentamos a Verdi. No podían haber sido ejercicios más contrastantes. Primero, “Un baile de máscaras” con la estelar presentación de Ramón Vargas como Ricardo, Ludovic Tézier como Renato y Deborah Voigt como Amelia. Todos maravillosos cantantes. Por desgracias, todos, sin excepción, terribles, imposiblemente acartonados, insufriblemente robotizados, inimaginablemente patéticos en su actuación. La dirección de escena, a cargo de Gilbert de Flo, al igual que el vestuario de William Orlandi, fueron igualmente indeseables.

Sí, sí, todos cantan muy bien y sí, también les aplauden como hambreados, pero dan una vergüenza e inspiran un aburrimiento sin igual. La pretendida agonía de Ramón Vargas, al cerrar al fin la ópera, una vez más, con la muerte del protagonista, cierra con broche ridículo la obra entera. Al señor lo han apuñalado en el vientre. Con mano izquierda sobre el vientre, mueve libremente la derecha para alzar el canto mientras las piernas le resisten un aria más, un aria más, antes de pretender desplomarse. Digo pretender no porque sea actuación sino porque, exagerando Platón, la representación de Ramón Vargas de un agonizante Ricardo estaba tres instancias más lejos del ser. No era un moribundo. Tampoco era una representación de un moribundo. Menos aún la representación de la representación de un moribundo. Era una desvergüenza de alguien que, aparentemente, no sabe cantar.

Esta puesta en escena es una gran instancia de la ópera-ópera. La función principal de la representación no es la de representar, por extraño que esto parezca, sino la de presumir la inaudita capacidad de lucir la voz, la persona de las divas del bel canto. La ópera-ópera no es, pues, un ejercicio de imaginación representacional, como uno tiende a suponer con respecto al arte en general. En su afán conservador, la ópera-ópera se limita a plantar un par de refrigeradores vocalmente superdotados en escena. Es insufrible!

Una semana después asistimos, una vez más, a Verdi. En esta ocasión nos enfrentamos a una puesta en escena de “Macbeth”, con Dimitris Tilliakos como Macbeth, Violetta Urmana como Lady Macbeth y Ferruccio Furlanetto como Banco. Dmitri Tcherniakov estuvo a cargo de escena y vestuario. Es una de las escenificaciones del canto más bellas que he visto hasta ahora. Dimitris Tilliakos, Violetta Urmana y Ferruccio Furlanetto, además de ser cantantes fuera de serie, eran dignos representantes del monismo teatral. Es decir, que sus palabras no ivan por un lado y su cuerpo por el otro. Que no pasaba, como con Vargas y compañía, que cantaban arias desesperadas, llenas de locura, mientras mantenían un porte ejemplar, lleno de ecuanimidad. Si se canta la locura, se vive la locura. Los tres cantantes principales vivían lo que cantaban, no se limitan a emitir sonidos que (como los que cantan ópera-ópera) sus cuerpos no parecen comprender. La puesta en escena era contemporánea, con un excelente uso de recursos audiovisuales, incluyendo un cuidadoso recurso a la animación en tercera dimensión.

El resultado fue un producto diametralmente opuesto al Verdi del Baile de Máscaras. La representación fue adaptada a un contexto más contemporáneo y, por lo tanto, más adecuado a las presuposiciones del público, logrando así una comunicación más plena con su auditorio y juez. Las circunstancias resultaban, por lo tanto, mucho más interesantes, menos predecibles, más atractivas. Mi reloj de pulsera jamás llamó mi atención. ¡No bostecé!

A esto es a lo que llamo ópera-representacional. Cuando el fin principal es el de escenificar, con el manejo más redondo de todo tipo de recurso artístico, la música, el texto sonoro, la poesía. El reto es complicado. Pocos lo logran y de éstos todos, no tengo duda, carecen de la conservadora idea de que en la ópera todo está subordinado al bel canto.

La ópera se dice de muchas maneras. Ojalá cada vez más se diga menos ópera y más representación, menos residuo arqueológico y más reto fantástico. De otra manera será imposible detener la tendencia actual que hace de la ópera la representación artística con mayor densidad de miembros de la tercera edad.

3 Comments:

Anonymous Cata said...

Imposible estar más de acuerdo! Si fuéramos sólo a escuchar a los cantantes mejor vamos a un concierto.
Ahora, dado que la mayoría de las óperas terminan con la muerte del protagonista, cómo resolver la puesta en escena de manera que la audiencia pueda creer en lo que está viendo, y al mismo tiempo, disfrutar de la última aria?
Bah, creo que en cualquier caso me estoy yendo por las ramas, sabemos que en el fondo no ese el verdadero problema.
Y que tal "L'affair Makropulos"?

4:40 PM  
Anonymous Roberto Parra said...

Hola Eduardo,

Acá Roberto Parra saludando. No sé si me recuerdes, fui estudiante asociado, pero creo que mi primer año en el instituto fue el último tuyo ahí. Hace algunas semanas me encontré a Catalina en La Europea y me contó que se iban a París, me da mucho gusto, seguro la estarán pasando muy bien.

Resulta que me topé con la página de la Mexican Philosophers' Conference y unos click más tarde encontré tu blog. Y bueno, pues quería avisarte (a ti y a Cata) que voy a empezar el doctorado en la Universidad de Arizona en este agosto; sé que Arizona está algo lejos de Michigan, pero si alguna vez van para allá son más que bienvenidos, e igual ojalá podamos estar en contacto.

Acerca de esta entrada, lo que dices sobre la ópera (la distinción entre cosa-que-sólo-se-conserva y cosa-que-se-sigue-creando) puede aplicarse muy bien a la filosofía: mucha gente hoy (fuera de los departamentos de filosofía) reserva el término "filósofo" para nombrar a ciertos hombre que murieron por lo menos hace 150 años, y lo usan casi como un título honorífico; y tal vez en parte es eso lo que hace que a veces haya un momento extraño cuando alguien te pregunta a qué te dedicas y contestas que a la filosofía. Al menos a mí me ha pasado.

Me reí mucho con la frase de "mientras las piernas le resisten un aria más, un aria más...", supongo que es una referencia a Othello, de Verdi ("ancor'un bacio, ancor'un bacio"). Siempre he pensado que en la canción The Crystal Ship, de los Doors, también aluden a esa frase cuando dice "another flashing chance at bliss, another kiss, another kiss...".

(O tal vez no estabas haciendo referencia a nada, y la frase igual es bastante buena.)

Bueno, ya me salió un comentario bastante largo. Saludos desde el DF, y que estén muy bien!

Roberto.

3:03 PM  
Blogger edu said...

Gracias Cata y Roberto por sus comentarios.

Cata, creo que tienes razón. Los benditos compositores han puesto a los directores de escena en un gran aprieto: la representación total termina en un aria mortal. Se necesita mucha fuerza para cantar y mucho desmayo para morir. Ahora mismo no se me ocurre cómo resolver este problema. Pero debe haber alguna manera. Quizás un juego de imágenes y video, o un uso adecuado de "dobles" de actuación. No sé, habrá que pensarlo seriamente.

En cuanto al Affair Makropoulos. La escena fue excelente. He visto pocas representaciones de Janacek, pero todas han sido más creativas que conservadoras. Tal vez sea porque Janacek es ya de la nueva ópera, la no ópera. No sé... Por otra parte, la música no me fascinó tanto. Es un poco largo y lento este Checo.

Roberto, ya le comentaré a Cata sobre tu saludo. Por lo pronto, muchas felicidades por lo de Arizona. Enhorabuena.

No había imaginado el paralelismo de la ópera-ópera con la filosofía-filosofía. Creo que estás en lo cierto. Siempre que gente que no pertence a mi tradición filosófica (y no se diga no-filósofos) me pregunta a qué me dedico siento el impulso de decir que no soy filósofo.

3:46 PM  

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